domingo, 31 de diciembre de 2017

AMLO, el INE y las elecciones de 2018 entre la descalificación y el anticipado fraude electoral




Por Jorge Peña Ninomiya
 
Como en cualquier elección o campaña en el mundo, todos los actores saben de antemano las reglas del juego y al momento de aceptar participar en ellas por default aceptan dichas reglas sean o no de su agrado. Esto lo comento por la gran cantidad de seguidores de AMLO y el mismo circulo cercano del tabasqueño que llevan bastante tiempo anunciando un inminente fraude electoral el próximo 1ro de julio de 2018.

El asumir esta posición resulta irresponsable y peor aún, incongruente, ya que si se sabe de antemano que en el juego hay cartas marcadas uno se convierte en validador y cómplice puesto que MORENA tiene registro como partido político nacional ¿Avalado por quién? Por el nefasto INE al cual han mandado al diablo selectivamente pues nada dicen al recibir sus prerrogativas nacionales, estatales y electorales. ¿Cómo podemos creer en Morena y AMLO cuando acepta sin chistar cientos de millones de pesos anualmente? ¿No sería congruente el no aceptar dicho financiamiento y solo subsistir con las aportaciones de sus militantes?

Esta receta la ha aplicado López Obrador desde 1988 cuando sufrió su primer “fraude” en la primera elección para gobernador en la que participó y lo mismo hizo en 1994 cuando volvió a perder la elección para el mismo cargo señalando nuevamente un fraude que en esa ocasión presionó tomando instalaciones de PEMEX y casetas de peaje, así como su marcha al Distrito Federal. Seis años después en el 2000 ganó la elección para jefe de gobierno del DF por aproximadamente 3% de diferencia de Santiago Creel del PAN y allí no hubo fraude alguno y el perdedor como cualquiera que se considere demócrata aceptó su derrota.
En el 2006 perdió la elección presidencial por menos de un punto porcentual ósea aproximadamente 300,000 votos. ¿Qué hizo? Si bien no tomó pozos petroleros o casetas de peaje, les dio un gancho al hígado a comerciantes, restauranteros y hoteles que fueron afectados por la toma de Reforma con su famoso plantón que, según sus seguidores, esto sirvió como válvula de escape para evitar un levantamiento armado (háganme el favor).

En 2012 perdió por diez veces más votos que en 2006 y aun así él y sus seguidores no perdieron la oportunidad de golpear al futuro gobernante con la obvia intención de negociar un mejor arreglo en lo oscurito con el equipo del ganador que en este caso fue Enrique Peña Nieto. Eso sucede tanto en elecciones para alcaldes, diputados locales, diputados federales, senadores, gobernadores y presidente de la república. El Peje hizo su desplante, su teatro, su circo y finalmente cesó el hostigamiento al presidente electo que no tuvo problema alguno en la entrega-recepción de la banda presidencial el 1ro de julio de 2012.

Pero ¿Qué es lo que busca AMLO al descalificar la elección y cuestionarla? Vender cara su derrota y negociar. Como dice el dicho “El que se sube, se pasea” y si, Andrés Manuel al registrarse como candidato en febrero próximo, estará aceptando las reglas del juego como en las cinco elecciones anteriores. Y así como en las anteriores elecciones, si no le favorecen los resultados no dudará en volver a descalificar al Instituto Nacional Electoral, a sus consejeros, a los que pasarán más de 12 horas cuidando las casillas, a sus propios representantes de casilla que firmarán las actas de escrutinio. Esto será una vez más una bofetada a decenas de miles de hombres y mujeres que de buena fe decidieron acudir a vigilar una casilla o bien ser representante general, representante distrital, etc.

Poniendo un ejemplo, AMLO acepta las reglas para jugar futbol soccer pero llega al punto en el que decide no acatarlas y toma el balón con las manos y en lugar de 11 jugadores mete a 9 más para que sean 20 y finalmente aplasta al equipo contrario que si siguió las reglas o peor aún, ni haciendo trampa logra sacar la victoria y de coraje toma el estadio y no permite que salga nadie hasta que le den el triunfo a su equipo sí o sí.

El tabasqueño no puede refugiarse más en que la mafia del poder hace lo que se le da la gana con el INE y las reformas a las leyes electorales ya que su partido, MORENA, cuenta con representación en el congreso de la unión y bien pudieron hacer cambios o al menos sugerirlos para que fuesen efectivos en 2018. Si se le preguntara a la gente sobre la segunda vuelta electoral estoy totalmente seguro de que la aceptarían ¿Por qué? Porque ya estamos cansados de crisis postelectorales como las del 2006 y 2012. A nivel local también han ocurrido muchos casos donde la diferencia es tan pequeña que ninguno de los candidatos acepta su derrota. Si existiera la segunda vuelta el ganador tendría mayor legitimidad ya que obtendría más del 50% de la votación a diferencia de 2006 y 2012 donde ganó el candidato con una votación de 36% o 38%.

Para terminar, el problema de Andrés Manuel y sus seguidores es que son hipocondriacos políticamente hablando ya que creen que son el ombligo del país, creen que todos conspiran contra ellos, que los medios de comunicación, periodistas, politólogos, opinólogos, etc. Los atacan sistemáticamente. Se quejan de ser “atacados” sin embargo no tienen empacho en atacar a cualquiera que no comulgue con sus ideas, con su partido, con sus candidatos. Para ellos, quien no esté con AMLO o con Morena es de derecha, es un vendido, un ignorante, etc. Ojalá en esta elección podamos tener elecciones más serias y con mayor calidad. Ojalá que las y los candidatos nos den una lección de tener las primeras elecciones de primer mundo y dejar la descalificación, el desprestigio, la calumnia y el golpeteo político.

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